lunes, 2 de marzo de 2015

El escondite de los silencios

Un poema inédito sobre silencios, derrotas y desconsuelo.




El soldado Méndez aún tenía pólvora en el cuerpo.
Con metralla lo recibieron en las puertas de Stalingrado,
Lágrimas de vodka, nieve trágica, llantos callados.
Volvió con medallas y sin palabras. Silencio total,
sepultó su historia entre los cadáveres que allí quedaron.



A Manuel Lema  lo mataron en el frente de Asturias.
Una ametralladora hizo un boquete en su estómago.
Se desangró mientras los hermanos luchaban separados en dos bandos.
Quizás preguntando quién decidió que su sitio era aquella barricada.
Tampoco pudo decir nunca más nada.


El mar despiadado fue ataúd de muchas personas.
No nos llegaron sus gritos. No pudimos salvarlos.
Mujeres muertas en infiernos familiares.
El joven albañil se cayó del andamio.


El niño que tenía una cruz en sus ojos,
no pudo correr cuando se acercaba el tractor.
El relojero y su mujer perdieron la rosa de los vientos,
y caminan por las calles, sin memoria.


Y hoy pongo su tragedia en mi garganta.
Por todos los abatidos por el desconsuelo,
que se quedaron sin palabras. Y que muertos o aún vivos,
habitan el escondite de los silencios.


Y hoy lleno mis pulmones con aire de letras,
y pienso en todas las personas,
sin voz, con la  libertad usurpada,
con una losa de mármol en su pecho,
que no pueden morar la patria de las palabras.

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